2007/04/30

Sueño mojado

Sueño agitado, húmedo en la entrepierna, mojado en el ...tronco.
Una ventana, una mirada y algo que marca la mañana.
La torre envuelta en un preservativo gigante y un edificio de hierros rodeandola mientras unos seres animados suben y bajan....
En construcción o tal vez en demolición.
Una eyaculación de oratorias..,
quizás sea ésta la retórica del poder o simplemente la erótica de la iglesia.

2007/04/23

Amor

En esa tierra de amores,
de luces,
de silencio,
árabe por sus rincones y
salada por su gente,
una mirada se cruza con el placer de las manos.
Vuelan los sonidos sobre un lecho de musgo;
olor a tomillo y yerbabuena,
suaves caricias de seda.
Bajo un cielo salpicado con manchas de estrella,
dos cuerpos se pierden en el laberinto humano.

2007/04/19

Simplemente así

Derecho a la rareza y a la locura,
derecho a ir torcido
y a pensar y sentir lo que se quiera.

Derecho a vivir y a morir, amando en silencio y a grandes voces.
Derecho a respirar y a ver y a oler sin filtros; derecho a sumar, restando, multiplicando y dividiendo. Derecho a contar, o no, los secretos.......derechos....

Subir sin importar la caída. Corro porque quiero y paro cuando lo deseo, porque tengo derecho.

Sueño

"Ayer tuve un sueño" dijo,

y aún hoy, sigue soñando


... con colores.

2007/04/12

Jilda con J

Vivo en campo margarita, un lugar precioso situado en el centro de todo y a la esquina de la nada.
De pequeña era blanca, hasta que un día, mientras pastaba saciando mi apetito, una ballena de las que se esconden debajo de tierra resopló, y un chorro de agua emergió justo delante de mi, y subió hasta el cielo y millones de gotitas esparcidas cayeron encima de mí.
Desde ese día tengo manchas negras y aunque me restriego con barro, nunca he conseguido quitármelas; y es que las ballenas que habitan debajo de la tierra deben de nadar en aguas negras negras como mis manchas.
Tengo dos amigos, Isidoro el gato serpa y Aron el caballo percherón.

A Aron lo conocí un día que el cielo se oscurecía y el agua caía. Me encontraba tumbada en campo margarita como casi siempre, en mi rincón predilecto, allá donde la hierba es más tierna y más sabrosa y donde las margaritas dibujan figuras imposibles, muy cerquita del riachuelo que divide mi campo con la nada. Mientras rumiaba mirando el mundo a cuatro patas, dos más fueron suficientes para taparlo.
Levanté la vista y mugí con enfado y es que a una lo que más le molesta es que le tapen la vista cuando otea el mundo.

Se acercó dubitativo, tal vez por efecto del mugido.
Su antiguo dueño, me dijo, tenía la manía de utilizarlo como perchero colgándole la ropa que le sobraba mientras hacía que trabajaba en la huerta.
También tenía otra manía: obligarle a sacar agua del pozo, girar y girar alrededor del molino como un tiovivo, arrastrar el arado, llevarle encima, acarrear fardos de paja,... y todo esto mientras él dormitaba a cobijo de un árbol.
Deseaba trotar, galopar libre y tumbarse en una enorme pradera verde viendo el mundo a cuatro patas. Ese deseo le hizo llegar hasta aquí, aprovechando un momento de despiste y una buena coz allá dónde a uno le deja sin respiración.
Era grande, grande, por algo lo de percherón. Se tumbó a mi lado y nos pusimos los dos a contemplar el mundo a cuatro patas, mejor dicho, a ocho patas y con cuatro ojos, que así se aprecian mejor todos los detalles.
En eso estábamos cuando un nuevo obstáculo impidió nuestra visión.
Levantamos la vista y en esta ocasión, además del mugido, un relincho de enfado informó al intruso que no se encontraba en el lugar adecuado.

Cuatro patas y un rabo se acercaron. Enseguida apreciamos la silueta de un gato. Un gato un poco raro porque en su espalda transportaba algo que eramos incapaces de distinguir; ¿una mochila quizás?.

Isidoro, así es como se llamaba. Venía de muy lejos, según nos contó. De una ciudad llena de casas, de coches, de contenedores, de agujeros, de personas, de ratas, de perros, de ratones de basura, de peleas, de ruidos, gris, triste, sin verde, oscura, lluviosa...., tomando aire porque se ahogaba, continuó.
A él lo que le gustaba era la aventura, odiaba los espacios cerrados, las ciudades, correr detrás de los ratones, delante de los perros, detrás de los desperdicios, delante de las personas....

Por todo eso y más, cogió su mochila la cargó con comida y salió en busca de aventura. Por algo era Isidoro el gato serpa, descendiente de los famosos gatos serpas que habían recorrido mil y un lugares en busca de aventura.

Llevaba ya diez o quince lunas, había sorteado todo tipo de peligros, saboreado todo tipo de placeres y ahora se encontraba delante de nosotros cansado y con ganas de tumbarse a contemplar el mundo a cuatro patas.

Se unió a nosotros. Ya con seis ojos nada se nos escaparía, o sí, quién sabe.

Esta es parte de mi vida.

Ahh! se me olvidaba, me llamo Jilda, con j y soy una vaca pisona. Pero por donde yo piso vuelve a crecer la hierba.


MUUUUUUUUU!!!!!

Mirada

Miro más allá,
pasando página al cielo,
desnudando la luna,
detrás de las estrellas

y allá, al fondo,

la veo aparecer.

Mojado de...

Ahora ya no sé qué hacer.
Desde luego algo tengo claro,
el paraguas no lo quiero para nada,
prefiero mojarme con
agua,
con lágrima,
con lluvia...,
para luego secarme.

2007/04/11

Aire de tango


Impulsos sentidos de sonidos que llegan,
aquellos que entran, no los que pasan sin quedarse.

Vértigo al ver piernas torcer y girar
y enroscarse como serpiente,
haciendo giros imposibles sobre tronco erguido.

El ocho, el boleo,el gancho, la sacada y la barrida,
una mano al cuello, otra a la espalda y las dos libres unidas.

Respiro y tomo aire con aroma de mate
mientras la bombilla alumbra la mano ofrecida.

De fondo una queja bien sentida,
de bandoneón que llora mientras llega el día.

2007/03/30

Susurro

Silbantes y vibrantes, suaves y melodiosos,
desde muy dentro;
que penetren y reconforten, salgan pero que resuenen.
Al menos, así deseo que sean mis susurros.

2007/03/27

Solitario

Viví en una gran ciudad saturada de gente
y cuando pasaba al lado ni se enteraban,
saludaba y ni un leve gesto apreciaba,
chillaba y nunca encontraba respuesta,
jugaba y me cansaba de ganarme.

Un día, agotado de vagar solo por el mundo, ignorado y rodeado de gente,
tomé una fatal determinación: morir en la calle.
Sólo fue en ese momento cuando percibí que la gente caminaba, jugaba, paseaba, reía , chillaba...
pero ya no estaba.

2007/03/17

Cantos de aves

Dentro, cierre de barrotes,
tintineo de llaves y
sirenas gritando.

Tumultos supervisados
por guardias vigilantes
mientras ladran las aves y cantan los perros.

Realidad cambiada, realidad dirigida y desfigurada.
Sueños perfectos en lugares no deseados.

Fuera, tierra, luz y aire y cantos de aves cuando ladran los perros.

2007/03/16

Fusión

Dibújame desnudo con colores naranjas sobre lienzo rugoso,
pues mi color se agita y se escapa cuando nota tu presencia.
Dibújame con el tuyo, untando los dedos y repasando las líneas.
Presenta las sombras con carboncillo, una para ocultarnos y otra para taparnos.
Mezclemos los colores
y porqué no,
los olores
y los sabores.

2007/03/08

Yo ya no estaba

Salté la primera valla y llegué hasta la fuente. No se oía ni se veía a nadie, tan sólo me acompañaba una manada de yeguas que pastaba plácidamente.
Todo estaba como la última vez aunque la maleza se había adueñado del lugar reduciendo el espacio casi a la mitad. Las rocas que nos servían de parapeto, a veces de sillones y otras muchas de sofá, seguían en el mismo sitio. No se apreciaban signos de presencia humana, tan sólo animal.
Me tumbé en la hierba estirando las brazos y las piernas, abriendo las manos, tensando los dedos. Quería abarcar todo de una sola vez, quería sentir todos los años pasados, quería absorver todas las sensaciones vividas en ese mágico lugar.

Había vuelto al pueblo, a la casa de mi infancia, y al río dónde pasé horas interminables, nadando, disfrutando, amando y muriendo.
Subí al monte que protege al pueblo y lo hice escalando como tantas veces había hecho. Los arbustos y los espinos cerraban cualquier paso, pero a mí ya no me dolía.
Desde la cruz que lo coronaba divisé los tejados de las casas, los montes cercanos, el valle, los caminos que unían, los que se perdían, los que subían, los que bajaban...
Me adentré por las callejuelas. Allá estaba Emiliano, el pastor, un poco más viejo, más encorvado, con su bastón, sentado en el banco de piedra, mirando al cielo, abstraído, viendo pasar las nubes, con gesto triste, tal vez porque los años pasan o quizás porque sus amigas, las ovejas, ya nunca volverían. Quién sabe el porqué, puede que ni él lo supiera.
No me vio. No podía porque yo ya no estaba, pero le saludé.
Un niño jugaba a ser guerrero dibujando una pelea con un adversario invisible mientras Aurora entonaba una melodía triste aguardando la llegada de no se quién, de no sé qué. Le saludé como siempre había hecho, pero no me contestó, yo ya no estaba.
La plaza había cambiado. La acacia centenaria que le daba sombra y vida se había convertido en un recuerdo más. El juego de bolos yacía sepultado bajo un manto de hormigón y una fuente rodeada de bancos daba un aire triste a ese rincón en otros tiempos centro de alegrías, juegos, disfrute y diversión.

Me levanté y dirigí mis pasos hacia el bosque buscando la senda para llegar a nuestro rincón más querido, aquel que visité por última vez y en el que desaparecí del mundo real para siempre.
Había que poner mucha atención, las zarzas habían conseguido crear una maraña casi infranqueable ocultando todo vestigio de lo que antaño pudo ser camino. Encontré un hueco entre la muralla y mi cabeza pasó pero el cuerpo se quedó. Tiré con todas mis fuerzas a la vez que en mi cara dibujé un gesto de dolor, aquel que esperaba, pero no vino. Yo ya no estaba.
Divisé nuestro árbol, el que habíamos tatuado con nuestros nombres, el que nos servía de cobijo, aquel donde montamos nuestra guarida imaginaria, donde soñábamos llegar muy alto.
Me subí a la copa como hacíamos antes de zambullirnos. No me quité la ropa, estiré mis brazos y salté. Fueron segundos de recuerdos, mis últimos recuerdos.
Luego nada, yo ya no estaba.

2007/03/01

Nacer...,vivir...



Ser engendrada en los pensamientos.
Ese rincón donde se acumulan muchos sentimientos,
donde todo se carga de emotividad.
¡Qué difícil es vivir!,

incluso en los pensamientos.

2007/02/28

Me gustas

Me gusta

el agua que refresca y calma mi sed
y el fuego porque me quema,

la mar que consigue adormecerme con su sonido y movimiento,
la tierra que gira, da frutos y me mantiene,
el firmamento porque me acoge dentro,

y tú, ... porque siempre estás.

La Barca.mp3

2007/02/26

Mi sofá

En el sofá de mi casa anidaron las hormigas, las abejas y los ratones
y nos dejaron un huequito para así poder disfrutarlo,
pero a cambio nos pidieron queso, pan y flores.

Y en las noches de invierno cuando el sol ya se ha marchado,

nos reunimos, bien tumbados, y comienzan las emociones.

2007/02/24

Te veo



Ojos con ganas de saber,
dedos deseosos de señalar,
pies con necesidad de andar

y unos brazos queriendo acoger.

2007/02/21

Erre que te quiero erre

Nací sin sonoridad en la erre.
"El pego de San Goque no tiene gabo porque Gamón Gamírez se lo ha gobado"
"tes tistes tigues tagaban tigo en un tigal"
repetía incesantemente con ganas de encontrarla y, a parte de la carcajada que provocaba en los que me escuchaban, poco más sonido hallaba.

Indagué en mis antepasados. Tal vez descendía de Fanceses o de Guiegos o quizás eran vascos, de Ipagalde(*). Quién sabe, nunca conseguí llegar más allá de mis bisabuelos y éstos, me aseguraron mis familiares, reían sonoramente, aquí y allá, a carcajada limpia.

En las primera comunión fui apartado del selecto grupo de personas que tenían el privilegio de la oratoria desde un púlpito.
El clero rebuscó entre los textos de la, por aquel entonces, santa biblia y eligió el más plagadito de erres ("muy bien, muy bien lo has hecho. El siguiente por favor").
El atril esperaba a otra persona, una que ronronease adecuadamente.

Ensayé delante del espejo, la posición de la boca, de los labios y de la lengua.
Busqué y rebusqué en los libros la técnica de la fonación e incluso me hice con un guenault, el 18. Igual a fuerza de airear a los mil vientos la marca de coche la sonoridad iba llegando. Nada más lejos de la realidad, siempre fue mi guenault. Hasta que un día de otoño un hábil conductor le embistió por detrás, justo justo donde la R asomaba y pasó a convertirse en un amasijo de hierros en uno de los muchos cementerios de guenaules, lan goveres y demás habitáculos de 4 güedas

Comencé a trabajar en una oficina de atención al público, y el público sonreía cuando la erre hacía acto de presencia y los compañeros ahogaban su sonrisa con las manos y se desternillaban cuando tanto yo como otra de las compañeras, cuya sonoridad era igual que la mía, atendíamos al unísono. Era el sumum en el mundo de las vibraciones linguales múltiples en la zona alveolar, decían.

Con el tiempo, cansado de buscar, decidí poner punto final. Me reiría de las erres y de las egues y la vigésimo primera letra del alfabeto español, de mi alfabeto español, tendría una sonoridad distinta, la mía.

Ahora cada vez que escucho a Poncio Pilatos no puedo parar de reírme.

Iparralde(*) País Vasco Norte

Non, Je Ne Regrett...

2007/02/18

Me embarco

Paleta de colores, pincel en mano, apago los ojos y comienzo el viaje.
Viajo alto, allá donde se ve esa estrella de cinco puntas, la de las pestañas largas, la de los ojos rasgados.
Iré allá navegando.
¿Te acuerdas cuando nos sentábamos en el banco de la estación?. Soñábamos e imaginábamos. El roce de tus manos, el sentir de las mías, las miradas fijas en el más allá , en el más acá, en el uno, en el otro.
Volábamos fuera del mundo. Girábamos mientras todo se paraba, construíamos barcos, de papel, y surcábamos los mares de nuestra imaginación.
Viajábamos sin parar, y nos mojábamos por dentro, de ti, de mi, de todo.
Ahora ya no estás pero conservo uno de esos barcos de papel con el que he decidido embarcarme.


Río abajo.mp3

Agudeza policial

Antonio empuja el carro con desgana. No ha comenzado el día con buen pie. Discusión familiar, notificación de embargo... y para colmo el trabajo. Odia su trabajo, a su jefe y a su carro.

Al otro lado de la ciudad, en la zona sur, se lleva a cabo una reunión de altos vuelos.
Asamblea en el cable de alta tensión, de gorriones, palomas y estorninos. Gabinete de crisis ante la inminente presencia de vientos huracanados..
Las mudas cigüeñas protegen el espacio, mientras los estorninos toman el canto "kokokokorr". El sector escindido dentro de los estorninos se deja notar "tretet""tretet".
Toma la canción la representante de las palomas "ju-ruu" "ju-ruu" replicada por el grupo minotario de la asamblea, los gorriones "chiili-chiili-chiili" que con chirridos y piídos "chirp""churp"quir" quiere que su opinión sea tomada en cuenta.
Un sonido estruendoso interrumpe la sesión. Un monstruo con enorme boca y dientes puntiagudos se dirige hacia ellas.
Algarabía en el desalojo de la sede asamblearia.Vuelos de emergencia abajo, arriba, en círculo.... en búsqueda del mejor refugio. Unas al torreón de la iglesia, otras, al cobijo del arbusto y la mayoría arriba, muy arriba.
En pocos segundos la excavadora comienza su trabajo. Caen los postes y con ellos los cables.
Todas las aves contemplan la destrucción y prometen venganza.

Hoy es viernes, ese consuelo le queda porque sábado y domingo no trabaja. Por delante, dos días para olvidarse de su jefe, del carro y de ese aciago día.
Le ha encargado para acabar la semana lo de siempre, la limpieza del parque. Los bancos están repletos de excrementos de aves como si una explosión de heces hubiera ido a parar a ese rincón de la ciudad.
Pero hoy todo es distinto. Un regalito aguarda en el carro para el primer animal con alas que decida interponerse en su camino y también para su jefe, si es que tiene la brillante idea de aparecer por allá.
Alza la vista al cielo y grita ¡¡mierda de pajarracos!!, y casi sin acabar de decir las palabras, una sensación caliente y a la vez asquerosa le inunda la cara, la boca, el pelo. Luego sólo disparos.

Las vecinas del parque del norte con el periódico en mano, comentan la noticia:

"A.R. es detenido en pleno parque del norte con una escopeta de caza. Se encontraba disparando al aire. Una patrulla de policía que pasaba por el lugar de los hechos ha tenido que neutralizarlo con material antidisturbios. Los testigos afirman que gritaba "¡¡putos pajarracos!!". La policía sospecha que pudiera ser un cazador furtivo que incluso habría utilizado el uniforme de la brigada de limpieza de la ciudad para pasar desapercibido"

Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.